




CICLO JAZZ A SOLO 2004 • Fecha: 22/25 de Abril de 2004 • Lugar:
C.M.U. Luis Vives, Madrid.
CHEFA ALONSO(saxo soprano y percusión) / ANTONIO BRAVO(guitarra)
Todo lo bueno se acaba, y si es con finales como éste, uno queda
con hambre hasta la próxima edición. Broche de lujo a esta
primera edición del ciclo Jazz a Solo, protagonizado por un mano
a mano entre dos de las máximas figuras de la improvisación
en España: Chefa Alonso y Antonio Bravo, con resultados sorprendentes.
Abrió la velada la saxofonista coruñesa Chefa Alonso, alma
mater del quinteto Akafree y cofundadora del colectivo Musicalibre (http://www.musicalibre.org),
organizadores del Festival Internacional de Improvisación Hurta Cordel
de Madrid, toda una autoridad en la materia. Se hizo acompañar en
escena por un set de percusión y su habitual saxo soprano, instrumentos
que alternó a lo largo de un desarrollo conceptual basado en los
colores. Alonso exploró las evocaciones sonoras de esta idea de forma
casi didáctica: antes de cada pieza anotaba en una pizarra el color
que evocaría a continuación, encabezando la lista con una
cita del Poeta Victor M. Díez, compañero de fatigas de la
protagonista en el proyecto a cuarteto “Sin Red”, el cual se
autodefine como “propuestas multidisciplinares que combinan poesía,
danza, artes plásticas, música improvisada”. La cita
del autor leonés es perfecto preámbulo a lo que se avecina: “y
los colores también son columpios”.
Intercalando piezas a percusión y saxo, Chefa pintó su lienzo
sonoro utilizando con maestría y fluidez los recursos tímbricos
en las piezas de percusión, escogiendo con mimo las baquetas adecuadas
a las texturas a asociar con cada color: las empleó terminadas en
varillas de madera para “Ocre circular” haciendo uso variado
y colorista (valga la redundancia) de los instrumentos (campanas, cajas
de diversos tipos, una lámina de metal y un muñeco infantil,
accionado con el pie sobre el suelo) de forma cíclica; evocó el “Tierra” con
mazas acolchadas, obteniendo registros más graves; hizo sentir el “Hueso” bajo
las uñas por medio de fricción con las escobillas, para finalmente
hacer aletear “El rojo de un enjambre de amapolas” con baquetas
de madera. En los temas a soprano, se valió oportunamente de los
cromatismos para salpicar de “Añil errático”,
y de fraseo endiablado, armónicos y variaciones riquísimas
en “Cinco colores libres para Isa” y el oleaje del “Verde
mar”, en una exposición muy libre sin ser extrema ni árida
a la audiencia, sino francamente estimulante.
Tras el preceptivo descanso, salió a la palestra el también coruñés Antonio Bravo quien, además de otras aventuras improvisatorias, es miembro desde su formación del quinteto de Baldo Martínez, coincidiendo en ésta con Chefa Alonso en su debú discográfico “No pais dos ananos”, además de compartir actividades en el colectivo Musicalibre y el Festival Hurta Cordel. Tras un bellísimo y jazzístico comienzo pleno de buen gusto, elegancia y virtuosismo el gallego deplegó toda una enciclopedia de la guitarra contemporánea en la que sus dedos citaron, desde su propia visión, a un Abercrombie sumergido en amplios y grandiosos espacios hasta las inquietantes e hipnóticas melodías de Robert Fripp, pasando por los armónicos conseguidos percutiendo las cuerdas propios de Michael Hedges, aunque en este caso inmersos en dominios más oscuros, evolucionando en su desarrollo hacia territorios más atonales, fundiendo progresivamente el sonido de la guitarra con relámpagos de sonidos generados via midi que fueron ganando protagonismo hasta desembocar en una apoteosis disonante a la que se sumó Chefa Alonso como epílogo a una noche inmensa.
No podemos dejar de felicitar a Angel Castañón y Radio Autónoma por asumir el riesgo de una propuesta rompedora que ha pagado con escasez de público su carácter de novedosa dentro del panorama musical madrileño, una iniciativa pionera que se ha nutrido íntegramente de intérpretes que, o bien son españoles o bien desarrollan sus creaciones en nuestro país, demostrando de nuevo el altísimo nivel de muchas de las propuestas nacionales. No nos cabe duda de que esa escasez de público se cura a base de difusión y años, en los que esperamos que el ciclo sea fiel a su planteamiento inicial y, a través de algún patrocinio responsable, pueda crecer y poder incluír en su nombre el apelativo “Internacional”, conservando un espacio amplio (el 50% que reclama la Plataforma de Apoyo a Nuestro Jazz sería lo justo) para esos proyectos de aquí que han hecho de su primera edición una experiencia inolvidable. Nos vemos en el 2º Festival Jazz a Solo.
Sergio Cabanillas